
Hoy he de referirme a la importancia que la Ética tiene en la formación profesional, y la necesidad de que en los centros educativos, desde el parvulario hasta la universidad, la ética sea una materia de obligatorio y constante aprendizaje que no debe faltar en ningún plan de estudios. ¿Por qué? La respuesta a mi en particular me resulta sencilla porque desde el hogar se me formó en valores, y si bien no tenía una noción concreta de qué eran éstos, el paso del tiempo y la formación académica me llevaron a comprender qué era aquello a los que mis padres llamaban valores,los que yo guardaba y respetaba por simple obediencia, los mismos que trasmití a mis hijos, y ahora con mucha dedicación e interés a mis jóvenes estudiantes. El impartir esta materia, he de confesar que no es tarea sencilla; Ética, eso qué es, de qué me sirve en mi profesión, se preguntan muchos estudiantes al inicio del curso*. Y ello es entendible y hasta justificable, no solo desde lo que parece ser algo etéreo, ininteligible y hasta árido, sino por el aprendizaje empírico y bastante pobre que de ética tenemos, lo cual me obliga a iniciar desde cero, si así se quiere, y presentar la ética desde el ámbito de nuestra vida cotidiana, nuestra realidad y luego entrar al campo profesional; de mucha ayuda ha sido en este último, el artículo del Dr. Emilio Martínez Navarro :"
Un profesional excelente combina técnica y ética". El artículo enfoca con mucha precisión lo que debe conjugarse para ser un profesional útil a la sociedad y una persona enriquecida moralmente, y es la unión de la técnica con la ética, amalgama que indefectiblemente produce un individuo útil para si mismo y para la sociedad. Esta unión lleva lo que Martínez Navarro denomina "Bienes Internos de la Profesión y Bienes Externos de la Profesión". Los Bienes Internos representados por las metas, el bienestar interior del profesional y el bien que hace con su profesión a la sociedad, mientras que los Bienes Externos se representa en los beneficios y recompensas para la consecución de los bienes internos. Si observamos, la una va atada a la otra, no hay exclusión, no se tienen unos, sin los otros y he allí el dilema: cómo vamos a ponderarlos, cuál es más importante que el otro. Inicia en este momento la labor de la enseñanza ética y la aplicación de los valores ético-morales que ya tenemos. Cómo lo hacemos, es la pregunta obligada. En respuesta diría yo: "hay que revisar los planes de estudios de nuestras escuelas". Revisión que no debe ceñirse al aprendizaje conceptual sino al raciocinio de la materia que se imparte, al conocimiento de su evolución histórica (no podemos apreciar ni entender lo que no conocemos), pero no como un simple cuento de algo que alguna vez pasó, traer la historia desde el pasado y su influencia en el presente, aprendida desde nuestra obligación social de evitar los erros y buscar lo más cercano a la perfección, que si bien no existe, me basta con la mejora de cada uno como individuo y el valor que intrínsecamente tenemos, y como lo aportamos a la sociedad. Integrar la ética personal con la ética profesional, desde el entendimiento del por qué elegimos la profesión que estudiamos, de los beneficios y satisfacciones personales que nos puede dar, y en retribución el aporte de calidad con que devolvemos a la sociedad la oportunidad de ser lo que somos; y aquí he de señalar una visión muy propia, somos profesionales por nuestro esfuerzo personal y económico, pero no podemos olvidar que la sociedad es la que nos da la oportunidad de realizarnos y desarrollarnos profesionalmente dentro de ella, y por tanto debemos ser celosos y guardar el Principio de No Maleficencia, pilar ético del ejercicio de cualquier profesión, bien interno que garantiza bienes externos duraderos. El abandono de la enseñanza constante de la ética hace a los jóvenes de hoy susceptibles a la corrupción dentro y fuera de la profesión. En el caso de la profesión en particular lo vemos en una prostitución de la misma, cada día vemos a más profesionales "regalando" el valor y costo de sus servicios. Agobiados por la necesidad de un empleo, entran en una lucha de quién vende más barato sus conocimientos, asechados por inescrupulosos "caza talentos", para explotadores empresarios a quienes poco interesa la existencia de una Ética Profesional. el resultado final de este círculo es la proliferación de profesionales frustrados, con un diploma bajo el brazo sin saber qué hacer con él, individuos en alguna medida resentidos con la sociedad, chicos que pudieron ser brillantes y exitosos,absorbidos por un entorno cada vez más putrefacto por la falta de formación. Toda esta pública introspección la concluyo dejando a cada quien una interrogante: ¿Podemos ser éticos personalmente sin serlo Profesionalmente?
*Obligado aclarar que mis cursos se imparten en la carrera de ingeniería, de allí la no conexión del curso con la carrera, según mis jóvenes estudiantes.
Les dejo el link del artículo mencionado, muy interesante.
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